El faro de los condenados

Hay algarabía en el pueblo porque su poeta va a casarse. Claro que no comprenden por qué se casará con Rosana si no existe alma que no sepa que es una bruja. Para la hermana del poeta, la explicación es sencilla: es una bruja y es capaz de poseer la voluntad ajena. Pero la celebración se apaga al finalizar el casamiento, ya que Nury Godino, el poeta, se marcha al pueblo de su flamante esposa.

La llegada a Punta del Diablo no promete una vida agradable. Muertos pudriéndose al sol, colgados todavía de los arboles donde fueron ejecutados; hombres cargados de amargura y mujeres sedientas de placer. Y también está el faro, llenando de temor al pueblo con su sombra. Sin tiempo para preguntas, Nury es obligado a cumplir sus deberes como esposo. Pero no puede dejar de pensar en esas bellas mujeres y que podría estar haciéndole el amor a alguna de ellas en lugar de la fea y arrugada bruja.

Obviamente no tarda en caer en esa tentación, con tal mala suerte que es descubierto por su esposa. Ante la mirada de todo el pueblo es condenado a vivir en el faro hasta que la bruja exprese su perdón. En el faro conoce al anterior esposo de Rosana, que le revela algunas verdades sobre su esposa. Y conoce a Moisés, un gato que le explica el suplicio que le espera en el faro: cada noche, al encenderse la luz del faro, las almas condenadas lo llamarán desde cualquier rincón del mundo, para compartir con él todo el dolor que los tortura.

 

El faro de los condenados
Dibujo: Enrique Breccia
Guión: Walter Slavich
52 páginas b/n

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *